Un fin de semana de chicas en Yauco… y una sorpresa cafetera inolvidable ☕✨

Café de Carajillo

Todo empezó como un simple escape de chicas desde San Juan. Nada muy elaborado: solo buscábamos un weekend diferente, un pueblito bonito, buen café y la excusa perfecta para desconectarnos. Y claro, Yauco —la famosa Ciudad del Café— parecía ideal. Reservamos un AirBnB en el mismo pueblo, empacamos ropa cómoda y playlists para el road trip, y salimos sin mayor plan que pasarla bien.

Pero nadie nos dijo que estábamos llegando justo para el 50 aniversario del Festival Nacional del Café de Yauco en 2025. O sea… literal coincidencia del universo. Llegamos y el pueblo entero estaba vestido de fiesta, café por todos lados, música, artesanos, comida, familias. Fue como aterrizar en una celebración gigante sin haberlo planeado — y nos encantó.

Viernes 28 — café, música y piel de gallina

La primera noche salimos a caminar por la plaza sin muchas expectativas y terminamos frente a un escenario viendo una presentación de Los Pleneros de la Cresta. Si hubiera un botón mental de “¡esto es Puerto Rico!”, eso fue exactamente lo que sentimos. La Plena me emociona. El ritmo, el coro, la energía… todas con la piel erizada. Nada más empezar la noche y ya estábamos en modo esto valió el viaje.

Sábado 1 de marzo — aventura completa

El sábado fue día intenso en el mejor sentido:

Pico Rodadero en Yauco
Atardeciendo en Pico Rodadero

Cuando regresamos al pueblo ya estaba corriendo la programación nocturna del festival. Comimos street food (porque después de un día así nadie se merece cocinar) y entramos a ver parte de las presentaciones de Los Guardiola y Grupo Caobaná. Cada una con un mood distinto, pero todas con una vibra espectacular que hizo difícil decidir a cuál quedarse más tiempo.

Domingo 2 de marzo — cultura antes de regresar

El domingo ya estábamos medio tristes porque se acababa el weekend, así que decidimos aprovechar hasta el último minuto. Pasamos por la Oficina de Arte, Cultura y Turismo en La Placita, y fue una sorpresa demasiado buena: súper amables, llenos de información histórica, y hasta nos recomendaron rutas y lugares para visitar. Ya que estábamos allí, bajamos a Café Don Luis en el mismo edificio porque, obvio, había que seguir con la temática cafetera.

Después nos fuimos a caminar sin prisa para ver los murales de Yaucromatic y apreciar la arquitectura del casco urbano. Es algo que de verdad hay que ver: colores vibrantes, historia en cada esquina, y esa mezcla de nostalgia y orgullo boricua que se siente en el aire. Cerramos el viaje disfrutando parte de la competencia de Trova Jíbara, y fue como un recordatorio perfecto de nuestras raíces — música, improvisación, tradición y comunidad.

Reflexiones de vuelta a San Juan

En el carro sintiéndonos medio destruidas pero felices, llegamos a la misma conclusión: a veces vivimos en una isla tan pequeña que se nos olvida lo grande que es culturalmente. Siempre hablamos de viajar “afuera”, pero descubrimos que redescubrir Puerto Rico también enamora.

Yauco nos dio café, naturaleza, música, risas, historia, arte… y un fin de semana que no estaba planeado pero terminó siendo perfecto.
Definitivamente vamos a regresar — y la próxima vez lo planearemos… o tal vez no, porque al parecer las sorpresas allá salen mejor.

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